La más multitudinaria fiesta cervecera del mundo, recibió hoy el primer alud de visitantes


La Oktoberfest de Múnich, la más multitudinaria fiesta cervecera del mundo, recibió hoy el primer alud de visitantes, que abarrotaban el recinto desde horas antes de que el alcalde de la capital bávara, Christian Ude, hiciera fluir la cerveza con dos certeros mazazos al barril inaugural.

La “Wiesn”, como se apoda el Prado de Santa Teresa o Theresienwiese donde se celebra la fiesta, estaba ya más que lleno horas antes de que el socialdemócrata Ude encajara de dos mazazos el grifo en el barril, al tradicional grito de “O’zapft is”, “está abierto”.

A las 12.00 en punto locales -las 10.00 GMT-, Ude revalidó su récord de poderío al encajar el grifo de dos golpes y se abrió así una edición en la que se prevé un nuevo récord de asistencia, puesto que se celebran dos siglos de historia de la Oktoberfest.

Las cifras de años anteriores sitúan el cómputo de visitantes en 6 millones, cifra que se espera superar en los diecisiete días de vida de la fiesta cervecera, en los que asimismo se espera que se consuman, al menos, 6,5 millones de litros de cerveza.

Teóricamente, y por primera vez en 200 años, sobre la Oktoberfest pesa la “amenaza” de la prohibición estricta de fumar, vigente en toda Baviera desde el 1 de agosto para todo tipo de locales dedicados a la gastronomía.

Las carpas cerveceras de la “Wiesn” no son excepción a esa regla, pero se cuenta con que se hará la vista gorda al menos en este primer año de prohibición, a la espera de que para el año siguiente se hayan habilitado espacios adecuados para fumadores.

No se espera que la prohibición actúe como elemento disuasorio de los muniqueses y turistas de todo el mundo llegados a Múnich, máxime teniendo en cuenta que se trata de una edición de cumpleaños en que se evocará el origen de la fiesta, en 1810.

La fiesta nació entonces con motivo del matrimonio entre el Príncipe Luis I de Baviera y Teresa de Sajonia y Hildburghausen, que culminó con una carrera de caballos
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Tras el éxito de aquella primera celebración, la fiesta popular continuó celebrándose año tras año y fue añadiendo nuevos acontecimientos, como los desfiles de trajes tradicionales, la reunión de propietarios de cervecerías o las atracciones de feria.

Durante su larga historia, la multitudinaria fiesta sólo ha sido cancelada en una veintena de ocasiones, coincidiendo con los períodos de guerra u otros momentos de crisis.

La tradición se mantuvo pese a esas interrupciones, como también han pervivido hasta hoy las vestimentas específicas de las camareras, que, ataviadas con los trajes típicos bávaros, transportan con total normalidad hasta una decena de enormes jarras a un tiempo.

En datos de 2009, la Oktoberfest reportó a la ciudad 830 millones de euros, repartidos entre los gastos de los visitantes en el recinto festivo, las pernoctaciones y los transportes.

Además de los millones de cerveza, los visitantes consumieron el año pasado 30.000 kilos de pescado, 330.000 salchichas y 80.000 litros de vino.
La Oktoberfest redobló este año sus medidas de seguridad, ya que, además de sus dos siglos de historia, también se cumplen 30 años desde el atentado perpetrado por un joven neonazi que acabó con la vida de trece personas e hirió a otras 200.


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